
Creación de sistemas de desinfección por UV que realmente funcionen en las líneas de impresión
Pasamos algo de tiempo visitando unas 3,000 plantas de impresión. Lo que descubrimos fue sorprendente. La mayoría de las lámparas UV preparadas para su uso inmediato no son capaces de sobrevivir al caos de una línea de producción real. Debido a las vibraciones constantes, el calor y la capa de polvo que cubre todo, estas lámparas se agotan mucho más rápido de lo esperado.
Si desea un sistema que no se dañe en seis meses y que no ponga en riesgo a su personal, debe encontrar el equilibrio adecuado entre la potencia y el control del calor.
Hablemos de la potencia
Por lo general, utilizamos una longitud de onda de 254 nm. Es tentador aumentar la potencia para eliminar los gérmenes más rápidamente, pero hay un problema: el calor. Si los ventiladores de refrigeración no pueden manejar el calor generado por la lámpara, el vidrio de cuarzo comienza a deteriorarse. Es un círculo vicioso: el vidrio se desgasta, la intensidad de los rayos UV disminuye, y pronto tendrá que reemplazar las lámparas con mucha más frecuencia de lo necesario.
Seguridad en el mundo real
La seguridad no debería ser algo que está descrito en un manual largo e incomprendido por nadie. Debería estar integrada directamente en la máquina. Por eso utilizamos dispositivos de seguridad físicos. En cuanto se abre la puerta de protección, la alimentación eléctrica se corta. No se puede confiar en el software para manejar esto.
También utilizamos vidrio de cuarzo reforzado, porque, para ser honestos, en las plantas industriales siempre hay vibraciones. El vidrio normal se rompe fácilmente, pero este tipo de vidrio no. Además, pasamos los cables a través de conductos resistentes al calor, para que el aislamiento no se deteriore con el tiempo.
El equilibrio perfecto
Aquí está el conflicto: mayor intensidad significa que los productos pueden procesarse más rápido. Pero también significa que hay más riesgo de acumulación de ozono y de quemaduras en la piel. Para solucionarlo, utilizamos reflectores de aluminio para dirigir la luz exactamente donde sea necesaria. De esta manera, se evita que la luz UV “perdida” llegue al resto de la habitación.
Pero hay un truco: es necesario mantener esos reflectores limpios. Si se acumula polvo, se puede perder hasta el 20% de la eficiencia de las lámparas. Entonces, se tiene que dejar que las lámparas funcionen más tiempo, lo cual acelera aún más el desgaste de los filamentos. Es una solución sencilla, pero marca toda la diferencia.